Yo

Yo
YO, tu hija no deseada sólo necesaria. "SALIRSE DEL CLOSET" es la frase que define a los homosexuales que al fin se atreven a alcanzar su libertad, declarándose ante el mundo en toda la dimensión de su orientación sexual. Durante años se consideraron una "minoría excluída" de la sociedad, por eso aceptaban matrimonios bizarros, como el que le ofreció mi padre a mi enamoradísima madre, quien en el tránsito de sus 11 meses de casada y 8 de mi embarazo, al saber la verdad, optó por morir en mi parto de forma "heróica", y quedé yo...a quien mi padre nunca quiso y a los 4 años abandonó sin volver nunca a saber de mi, pues no está en la esencia del gay tener un hijo de su simiente, si montar el show como el de Ricky Martin a través de vientres alquilados o adopciones entre cámaras y noticias de la "prensa rosa". Hablo en nombre de esos hijos, que sin pedir venir al mundo nos trajeron como objetos utilitarios hasta que nuestros padres decidieran sus vidas, y una vez hecho, nos quedamos abandonados a nuestra suerte, sin familia, calor de hogar ni nada a lo que tiene derecho un ser humano, más aún un niño. Fuimos "COSAS" de desecho. Por éso en este blog denuncio que la verdadera MINORIA EXCLUIDA Y CONDENADA A NO TENER NINGUN DERECHO AL CUIDADO Y ATENCIÓN, POR UNA SOCIEDAD HEDONISTA Y SIN AMOR, SOMOS NOSOTROS, no nuestros padres que ya están aceptados por la sociedad y formaron su propio movimiento social con todas sus garantías, deberes y derechos. Como adulta confieso ¿con qué derecho mi padre me condenó a llevar en mi corazón y alma heridas que nunca han sanado por completo? Reflexionen y piensen dónde está la verdad de toda esta farsa.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Muchos de los problemas que vive actualmente nuestra sociedad tienen su origen en el hogar, al abandonar nuestro rol y nuestras obligaciones como padres, como orientadores, formadores y educadores de nuestros hijos; preocupándonos si acaso (y no en todos los casos), por ser unos proveedores de ingresos. Todo esto bajo un ambiente social que conspira contra los valores y principios, que acaba premiando al más vivo, al más atrevido, al más sinvergüenza.

¿Hijos sin padres o padres sin hijos?

En muchas oportunidades, confundimos nuestro rol y les damos cosas pero no principios

CARLOS DORADO |  EL UNIVERSAL
domingo 29 de noviembre de 2015  12:00 AM
El otro día, tenía una cita con el comisionado bancario de Puerto Rico, y mientras me anunciaban, vi un afiche que me llamó la atención por su título:"Peligros a la virtud humana". Me puse a leerlos, y quedaron grabados en mi memoria:

1.- Riqueza sin trabajo.

2.- Placer sin conciencia.

3.- Conocimiento sin carácter

4.- Negocios sin ética

5.- Ciencia sin humanidad.

6.- Religión sin sacrificios

7.- Política sin principios

8.- Casas sin hogar.

9.- Hijos sin padres

Me quedé pensando en toda la sabiduría que contenía. Me imagino que serán muchos los que lo leen, ya que el comisionado después de un saludo y un estrechón de manos, me preguntó: ¿Cuál le parece a usted que es el mayor de los peligros? Claramente se refería al contenido del afiche.

La respuesta es difícil, porque todos atentan contra la virtud humana, pero si tuviese que nombrar uno, quizás me inclinaría por el de: ¡Hijos sin padres!, condicionado por la frase que tantas veces le escuché a mi padre, quien siempre solía decirme: "Para que los hijos tengan los pies sobre la tierra, hay que ponerles responsabilidades sobres sus hombros".

Pero los que tenemos que poner esas responsabilidades sobre los hombros de nuestros hijos, somos los padres a través del ejemplo y de nuestra obligación como padres. No es que tenemos que dar ejemplo; ¡estamos en la obligación de dar ejemplo!, ya que no es sólo la principal manera de influir sobre nuestros hijos; ¡es la única manera! Ser un padre no significa tener un hijo, al igual que tener un piano, no significa que uno sea pianista. ¡Ser padre, es adquirir una obligación, y tener una responsabilidad!

Sin embargo; en muchas oportunidades, confundimos nuestro rol, y les damos cosas, pero no les damos principios; y en nuestro afán de darles aquello que nosotros no tuvimos, terminamos sacándole la oportunidad de tener todo lo que podrían tener; sin darnos cuenta de que cuando hacemos demasiado por ellos, terminan ellos no haciendo nada por ellos mismos. Olvidamos que mucho de lo que nosotros tenemos, quizás haya sido producto de carencias, no de excesos.

Es difícil; por no decir imposible, sembrar tomates y recoger zanahorias. Es imposible recoger respeto, amor, confianza y responsabilidad, sin haber sembrado el ejemplo y esa responsabilidad. ¡Recogemos lo que sembramos!, y no son las malas hierbas lo que arruina a las buenas semillas, sino la negligencia del campesino por no saber arrancar esas hierbas.

Muchos de los problemas que vive actualmente nuestra sociedad tienen su origen en el hogar, al abandonar nuestro rol y nuestras obligaciones como padres, como orientadores, formadores y educadores de nuestros hijos; preocupándonos si acaso (y no en todos los casos), por ser unos proveedores de ingresos. Todo esto bajo un ambiente social que conspira contra los valores y principios, que acaba premiando al más vivo, al más atrevido, al más sinvergüenza.

Una publicidad constante y despiadada, basada en los antivalores, y donde terminan sabiendo el precio de todo y el valor de nada, confundiendo las necesidades con los deseos; y perdiendo así los padres todo tipo de control y guía sobre sus hijos. También se pierde la autoridad para establecer normas, y para hacerlas cumplir. 

Las consecuencias terminan pagándolas, esos que nos jactamos al decir que son el gran amor de nuestras vidas: ¡nuestros hijos! 

¿Hijos sin padres, o padres sin hijos? ¡Obviamente, hijos sin padres!

cdoradof@hotmail.com

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