Yo

Yo
YO, tu hija no deseada sólo necesaria. "SALIRSE DEL CLOSET" es la frase que define a los homosexuales que al fin se atreven a alcanzar su libertad, declarándose ante el mundo en toda la dimensión de su orientación sexual. Durante años se consideraron una "minoría excluída" de la sociedad, por eso aceptaban matrimonios bizarros, como el que le ofreció mi padre a mi enamoradísima madre, quien en el tránsito de sus 11 meses de casada y 8 de mi embarazo, al saber la verdad, optó por morir en mi parto de forma "heróica", y quedé yo...a quien mi padre nunca quiso y a los 4 años abandonó sin volver nunca a saber de mi, pues no está en la esencia del gay tener un hijo de su simiente, si montar el show como el de Ricky Martin a través de vientres alquilados o adopciones entre cámaras y noticias de la "prensa rosa". Hablo en nombre de esos hijos, que sin pedir venir al mundo nos trajeron como objetos utilitarios hasta que nuestros padres decidieran sus vidas, y una vez hecho, nos quedamos abandonados a nuestra suerte, sin familia, calor de hogar ni nada a lo que tiene derecho un ser humano, más aún un niño. Fuimos "COSAS" de desecho. Por éso en este blog denuncio que la verdadera MINORIA EXCLUIDA Y CONDENADA A NO TENER NINGUN DERECHO AL CUIDADO Y ATENCIÓN, POR UNA SOCIEDAD HEDONISTA Y SIN AMOR, SOMOS NOSOTROS, no nuestros padres que ya están aceptados por la sociedad y formaron su propio movimiento social con todas sus garantías, deberes y derechos. Como adulta confieso ¿con qué derecho mi padre me condenó a llevar en mi corazón y alma heridas que nunca han sanado por completo? Reflexionen y piensen dónde está la verdad de toda esta farsa.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Ciertas feministas han reivindicado un “genio” femenino que es “antifemenino”...Entrevista a la directora general del Instituto Secular Cruzadas de Santa María y consultora del Pontificio Consejo para la Familia, Lydia Jiménez González, sobre las claves del próximo Sínodo de los Obispos y el rol de la mujer en la Iglesia




Lydia Jiménez González conoció al siervo de Dios Tomás Morales en 1965, pocos meses después de su llegada a Madrid. Desde 1971 colaboró estrechamente con el sacerdote jesuita en el inicio y gestación del Instituto Secular Cruzadas de Santa María por lo que es considerada cofundadora del mismo.
Promovió la creación del Instituto BERIT de la Familia en España y América Latina, del que es directora desde 1998.
En octubre de 2012 participó como auditora en el Sínodo de los Obispos sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
En la actualidad es directora general del Instituto Secular Cruzadas de Santa María yconsultora del Pontificio Consejo para la Familia.
También es miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Internacional Tomista y presidenta del Consejo Directivo de la Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Ávila, entre otras responsabilidades.
En esta entrevista con ZENIT, Lydia Jiménez reflexiona sobre el papel de la mujer en la Iglesia y la sociedad. Asimismo, explica el significado del llamado “genio femenino” y su importancia en la actualidad. Por último, aporta algunas claves de lectura sobre el próximo Sínodo de los Obispos dedicado a la familia.
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El papa Francisco ha afirmado que hay que pensar en una “teología de la mujer”. ¿Por dónde se puede comenzar?
-- Lydia Jiménez: Por una antropología que fundamentalmente el ser femenino en su identidad biológica, psíquica, humana y espiritual. Un segundo paso sería fundamentar una antropología teológica, como secuencia para una “teología de la mujer”. Hay muchas mujeres que pueden hacerlo muy bien y de hecho ya se está haciendo.
¿Cuál debe ser la misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo?
-- Lydia Jiménez: Desde su propia identidad, desde su maternidad biológica y espiritual, cuidar la vida humana, cuidar de la humanidad.
¿En qué consiste el llamado genio femenino?
-- Lydia Jiménez: Con palabras de Edith Stein podemos afirmar que Dios ha hecho dos genialidades al crear: la masculina y la femenina. Hombre y mujer son los dos modos de ser humanos, ambos de origen divino, imágenes suyas, iguales en dignidad.
El término “genio femenino” fue acuñado por primera vez en la carta apostólica Mulieris dignitatem, si bien el contenido ya había sido intuido de alguna manera por san Juan XXIII y el beato Pablo VI. San Juan XXIII habló del papel de la mujer en el crecimiento de la sociedad y de la Iglesia y éste fue también un tema conciliar. Pablo VI habló de la especificidad femenina y su ubicación en la Iglesia. Sin embargo lo femenino como “genio” es una expresión típica de san Juan Pablo II.
Pero ¿qué es el “genio femenino”? No es una serie de dones extraordinarios encarnados en mujeres extraordinarias. La mayoría de las mujeres han vivido casi siempre en lo ordinario. Su “genio” consiste precisamente en vivir lo ordinario extraordinariamente. El “genio femenino” es el conjunto de dones que se manifiestan a lo largo de la historia y en todas las culturas. Dones que se sintetizan en uno: la maternidad. La maternidad física, psicológica, espiritual de la mujer es la clave de su genio y sus dones.
Los expertos consideran que ciertas corrientes feministas han distorsionado la condición natural de la mujer. ¿Por qué?
-- Lydia Jiménez: Efectivamente, ciertas corrientes feministas han reivindicado un “genio” femenino que es “antifemenino”. Ni siquiera muchas quieren oír hablar de la “dignidad” de la mujer y de su “vocación”, considerando este lenguaje ideología engañadora. Pero también es verdad que algunas corrientes feministas han abierto una reflexión antropológica, que nos está enriqueciendo mucho. Tienen razón en muchas de sus críticas acerca de los “roles” y “etiquetas” tradicionales de la mujer.
¿Qué iniciativas están impulsando desde las Cruzadas de Santa María en el ámbito de la mujer?
-- Lydia Jiménez: Se ha constituido una Cátedra de estudios sobre la mujer en la Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Avila, que fue inaugurada por el cardenal Müller, prefecto de la Doctrina de la Fe, con una conferencia que tituló “La mujer en la Iglesia”, el pasado 9 de diciembre. Desde ahí queremos impulsar estudios sobre el tema.
¿Cuál sería su contribución de cara al próximo Sínodo sobre la familia?
-- Lydia Jiménez: Desde el Instituto BERIT de la Familia, hemos profundizado en el rico y abundante magisterio de Juan Pablo II sobre el tema de la familia y en los estudios y publicaciones promovidos por el Pontificio Consejo para la Familia. Estoy segura que serán una base muy a tener en cuenta en el próximo Sínodo sobre la familia.
¿Qué podemos esperar de esta reunión de los obispos y demás padres sinodales en otoño?
-- Lydia Jiménez: Un enriquecimiento pastoral y misionero, que nos impulse a una mayor atención sobre un tema de tanta trascendencia.

Familias heterosexuales...Reflexiones de Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas




VER
Nuestra Suprema Corte de Justicia sigue demostrando que emite sus juicios sólo en base a si una ley o una norma son conformes a la Constitución que nos rige, o si la contradice. Su antropología es legalista, no humanista. Debería llamarse Corte de Constitucionalidad, o de Legalidad…
Dicen que, para defender la familia, es legítimo contraer “matrimonio” entre personas del mismo sexo. ¿Cuál familia? ¿Acaso un hombre genera familia con otro hombre; una mujer engendra familia con otra mujer? Esto es imposible biológica y psicológicamente. Un hombre no fecunda a otro hombre, ni una mujer a otra mujer. Esto no es cuestión de fe o de religión, sino de experiencia elemental. No es homofobia, intolerancia, o discriminación, sino simple biología. Que puedan convivir sexualmente personas del mismo sexo, nadie se lo impide, aunque no es conforme con los mandatos divinos. Que puedan tener algunos derechos, heredar, apoyarse económica y moralmente, es justo, humano y, por tanto, legal. Pero ese no es el camino para hacer familia; es todo lo contrario.
Hay que agregar que a la llamada hasta ahora Suprema Corte de Justicia le parece discriminatorio que una pareja del mismo sexo (que no es matrimonio, según nuestro concepto) pueda adoptar menores, dizque para proteger el bien del menor, su bien supremo… Sólo se fijan en algunos aspectos, como el económico, la seguridad de tener alimento, ropa, escuela, salud y bienestar material, pero no toman en cuenta factores morales, espirituales, psicológicos y sociales. Su visión es meramente legalista y economicista. No toman en cuenta que, para un desarrollo normal de la persona, necesitamos una adecuada relación con las figuras materna, paterna, fraterna y comunitaria. Sin ellas, puede uno crecer quizá con todo lo material asegurado, pero con rasgos no definidos de una personalidad masculina o femenina, pues no hay de otra; sólo hay en este mundo hombres o mujeres.

PENSAR
El Papa Francisco dijo en una audiencia general de los miércoles: “Dios, después de haber creado el universo y a todos los seres vivientes, creó su obra maestra, o sea el ser humano, que hizo a su propia imagen: ‘A imagen de Dios los creó: varón y mujer los creó’ (Gen 1,27).
Como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en tantas formas de vida, en la amplia escala de los vivientes. El hombre y la mujer son creados a imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no solamente el hombre en sí es imagen de Dios, no solamente la mujer tomada en sí es imagen de Dios, sino que también como pareja son imagen y semejanza de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición o la subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios.
La experiencia nos enseña: para conocerse bien y crecer armónicamente, el ser humano tiene necesidad de la reciprocidad entre hombre y mujer. Cuando esto no sucede, se ven las consecuencias. Sin el enriquecimiento recíproco en esta relación, los dos no pueden ni siquiera entender hasta el fondo qué significa ser hombre y mujer. Dios ha confiado a la tierra la alianza del hombre y de la mujer: su fracaso vuelve árido el mundo de los afectos y oscurece el cielo de la esperanza. Las señales son ya preocupantes y las vemos.
De aquí se ve la gran responsabilidad de la Iglesia y de todos los creyentes, y sobre todo de las familias creyentes, para descubrir la belleza del plan creador, que pone la imagen de Dios también en la alianza entre el hombre y la mujer. La tierra se llena de armonía y de confianza cuando la alianza ente el hombre y la mujer se vive en el bien. Y si el hombre y la mujer la buscan juntos entre ellos y con Dios, sin dudas la encuentran” (14-IV-2015).

ACTUAR
Respetemos a quienes tengan otras tendencias sexuales, no bien definidas como masculinas o femeninas. No los debemos insultar o marginar, pues no sabemos la raíz de lo que son o aparecen; desconocemos su historia familiar y qué puede explicar lo que viven, porque no es algo connatural al ser humano, sino fruto de experiencias vividas en la niñez y la adolescencia. Son seres humanos, dignos de todo respeto. 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El Dios de la Intemperie es, por diversos motivos, un libro fundamental y único en nuestra literatura; siendo el primer libro de Armando Rojas Guardia (ARG) que llegó a mis manos hace muchos años, me dejó una huella profunda que siempre se renueva, de tal forma que se ha convertido para mí en una especie de libro de cabecera, de esos libros inagotables que parecen nacer cada vez que uno los abre. Todo mi trabajo con la palabra, con el sufrimiento, con el cuerpo, con lo divino y lo poético –en suma, con lo humano– ha tenido que ver de algún modo con el discurso que articula Rojas Guardia en este ensayo pleno de notas confesionales, disquisiciones filosóficas y religiosas, intuiciones místicas, epifanías poéticas y musicales. Un libro que habla, canta, y danza dentro de mí cada vez que lo leo.

El dios que espera (A propósito de los treinta años del Dios de la Intemperie); por Anamaría Hurtado

Por Prodavinci | 29 de mayo, 2015

lo único que en definitiva nos cobija es la intemperie
Rainer Maria Rilke

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El Dios de la Intemperie es, por diversos motivos, un libro fundamental y único en nuestra literatura; siendo el primer libro de Armando Rojas Guardia (ARG) que llegó a mis manos hace muchos años, me dejó una huella profunda que siempre se renueva, de tal forma que se ha convertido para mí en una especie de libro de cabecera, de esos libros inagotables que parecen nacer cada vez que uno los abre. Todo mi trabajo con la palabra, con el sufrimiento, con el cuerpo, con lo divino y lo poético –en suma, con lo humano– ha tenido que ver de algún modo con el discurso que articula Rojas Guardia en este ensayo pleno de notas confesionales, disquisiciones filosóficas y religiosas, intuiciones místicas, epifanías poéticas y musicales. Un libro que habla, canta, y danza dentro de mí cada vez que lo leo.
Me acerco a este dios y me pregunto en principio por la palabra “intemperie”, porque la labor minuciosa del lector sabe que cada palabra abre puertas a múltiples significaciones. Intemperie viene del latín intemperies, prefijo in, en cuanto privativo y temperie, de temperancia, es decir, templanza; entonces la palabra nos remite de inmediato a aquello que carece de moderación, sobriedad, y que ha sido asociado a la intemperancia del tiempo, en su popular acepción de clima. Aquello que está expuesto al tiempo nos conecta con el estar sin cobijo, abandonado o dejado al tiempo y sus inclemencias, en tanto fenómeno natural; sin embargo, hay que exprimir la palabra y llevarla más allá –o mas acá– al tiempo propiamente dicho, a ese ser-ahí del que hablaba Heidegger cuando se aproximaba al tiempo del hombre.
Un dios que es lanzado a la intemperie es un dios que arriba al tiempo del hombre desde la eternidad, a la destemplanza del clima del deseo, a esa solicitud de la carencia, al desnudo humano, y ¿qué más desnudez que la temporalidad que nos arrasa y nos abre el sendero de la lucidez dolorosa de nuestra finitud, de nuestra precariedad? Ese abajarse del dios que camina entre nosotros y nos interpela con su presencia y con su palabra se constituye en el núcleo vibrante del libro de ARG. El autor nos invita a una danza dialéctica acercándonos con paso firme y, a la vez, sinuoso, trémulo o perdido a la experiencia del des-centro, a la experiencia íntima y, tal vez, fundante de lo humano: la Intemperie… Lo único que nos cobija, como vislumbró Rilke. Y desde allí se arriesga a hablar de Dios en medio de nuestra postmodernidad, en esta también zona de intemperie sin asidero espiritual ni metafísico. El que ARG se dedique a otorgar vivo significado y profundidad a palabras que se han convertido en clisés o en hueras sonoridades, es uno de los mayores logros de este libro.
Y ese dios que adviene a través de la palabra en el propio camino del místico que se atreve a escuchar a ese Otro que habla, (“Háblame, Señor, que tu siervo escucha”, diría el profeta Samuel), es el que ARG nos muestra. Presencia abismal y dialogante. Letanía de opuestos. Hecho fundamental que nos hace ser-con otros en diálogo íntimo con el abismo que nos habita o que habitamos, y al que sólo accedemos desde el despojo. (“Orar a Dios, no sólo en secreto con respecto a los hombres, sino pensando que Dios no existe”. Como exclamaba Simone Weil desde los pliegues dolientes de su misticismo). Para Armando Rojas el Dios único es el de los místicos que no temen a la nada, “espacio quemante en quien nadie entra impunemente”.
Opto entonces por tomar una punta de ese extenso tejido caleidoscópico que nos ofrece Rojas Guardia y propongo dialogar con uno de esos puntos brillantes de su disertación confesional constituida por su acercamiento a la enfermedad, particularmente a la enfermedad mental, y que, no obstante su particularidad, tan bien articulada está con todos los otros aspectos del libro.
Más allá del hecho conmovedor de su experiencia como persona que sufre, Rojas Guardia nos interpela con la palabra locura, que no es cualquier palabra: es una de las palabras más plenas de significaciones y, por ello, tan confusa, en extremo manoseada y, a veces, incluso, vacía,. ARG nos acerca a la Locura en tanto herida. Pathos necesario para alcanzar una lucidez extrema nacida del despojo de todo asidero racional; lucidez que conduce a hallarse ante si, solo, como ser gimiente, ser herido en el costado como Jesús, en el muslo como el rey Anfortas del Parsifal y como el Ulises homérico, o como el propio Adán herido en su costado para extraer de si la feminidad que necesita ver y amar.
Este postulado de la locura, que puede hallarse en muchos autores y particularmente en los artistas y poetas, es profundizado por Rojas Guardia y llevado al ámbito místico de encuentro con el Otro, no sólo en el sentido freudiano del Otro del deseo, o de esa Sombra de la cual habla Jung, sino primeramente y ante todo en el sentido del encuentro en esa noche oscura donde una feminidad dialogante, un dios feminizado por la sobreabundancia de vida y amor nos aguarda y sale en nuestra búsqueda, tal como la sublime amada del Cantar de los Cantares. Ya no es el postulado de un encuentro metafísico intelectivo, espiritual, se trata de un encuentro místico a través de la vía del pathos del cuerpo-mente indisolublemente fundidos, tal como lo planteara tan lucidamente el poeta William Blake. (“no tenemos un cuerpo distinto del alma, el cuerpo es el alma percibida por los cinco sentidos”).
Rojas Guardia interpela a la psiquiatría tradicional que no dialoga, que evita la locura y a la persona que la sufre, que la aísla, la etiqueta y la coloca en un manual y que termina haciéndose sorda a esa singularidad del sufrimiento humano. Decía San Agustín: es mudo quien no habla de Dios, y en ese sentido podríamos pensar que es sorda y muda toda psiquiatría que no dialoga con la locura, al tiempo que intenta compulsivamente abortarla- como en stultífera navis– hacia la “normalidad” de la Ley, representada en lo fármacos y en las internaciones. Sin embargo, Rojas Guardia sabe muy bien que no puede negar la existencia de la locura, como no se puede negar la existencia de la enfermedad, las ubica, no obstante, en el lugar de la necesidad ontológica, ellas constituyen el camino del despojo, tal como en el relato babilónico de Inana, a quien en su descenso al inframundo le van siendo arrebatados todos sus atavíos, joyas y aderezos hasta quedar despojada incluso de la propia piel; entonces, la enfermedad es la vía regia en el encuentro con el tú magnifico —parafraseando a Rafael Cadenas— ese Tú de los abismos que espera nuestra llegada: y es en este punto donde el planteamiento rebasa el de un enfermo psiquiátrico o de cualquier otra índole. El sentido último de la enfermedad es, para Rojas Guardia, mostrar la luz, la expansión de la consciencia en tanto advenir a nuestra humanidad en su más alto estado, nacido de la suma precariedad e indefensión en el que nos movemos y tenemos nuestro ser… El psicólogo William James es el primer autor que asocia claramente la enfermedad depresiva y la experiencia mística y señala que el sufrimiento psíquico puede llegar a convertirse en una opción para alcanzar un sentido profundo de la vida y abrir nuestros ojos a estratos más recónditos de la realidad. Mas sin embargo, hay que buscar ese sentido, saber leer o intentar leerlo entre las criptografías del sufrimiento mismo, penetrar su misterio y lograr simbolizarlo, de lo contrario la enfermedad es refugio.
Dice Rojas Guardia:
“La locura es todo lo contrario a un refugio.
Si la experiencia interior la convierte en casa cómoda, deja de ser lo que es: se convierte en seguridad, es decir en pose… es decir en coartada.
La locura sólo es creadora cuando deviene intemperie
Borges afirmaba: “Un escritor, o todo hombre, debe pensar que todo cuanto le ocurre es un instrumento (…) Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo le ha sido dado como arcilla, como material para su arte” y así terminaba concluyendo que su ceguera era un don. Así pienso que ARG nos lleva a concluir que la enfermedad es un don en el camino del encuentro consigo mismo y con aquello que nos trasciende en ambas direcciones: hacia el Otro del abismo y hacia el Otro totalmente externalizado que se descubre en el prójimo. La búsqueda infatigable de esta consciencia expandida comienza siempre por ese abismo que interpela y nos acoge, salvándonos de la “pesadez del espíritu”, que se cree centro ilimitado.
Ese oscilar entre luz y oscuridad, día y noche, representa muy bien los vaivenes del tiempo cósmico, de la intemperie, del ser náufrago que se despliega entre ocasos y auroras. Su confesión sin artificios nos conmueve, pero sabemos que no está dada como ejemplo a seguir, es confesión dentro de su propia e íntima búsqueda de significado. Para ARG la enfermedad es palabra que dialoga, que también interpela, la enfermedad es ante todo sufrimiento que espera ser escuchado, descifrado y cantado:
“¿habrá alguna vez un poeta que cante estos diálogos, susurrados en uno de los círculos del infierno, mientras Caracas arde de luces allá afuera, indiferente?”
Nótese el topos Caracas, de ser centro en tanto ciudad, ahora, desde la perspectiva del hospital, ella es la marginal, y de esa manera, tal vez, ella asume a ese dios des-centrado que parece indiferente ante el clamor último: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc. 15: 33-34). Dios y la ciudad enmudecen, y el humano que sufre se halla solo ante si, dialogando con el Otro -el mismo- que duerme en la cama de al lado…
El encuentro demoledor de un intelecto hipertrofiado por las ideologías, los racionalismos, las convenciones y demás artilugios de la cultura, con la realidad abarcante del cuerpo, con las paradojas de la materia, es para ARG un camino de redención, pero redención escatológica que no está por ocurrir en un tiempo mesiánico, sino que discurre en nuestro tiempo de intemperie, allí donde se instala el dios del desierto, del Gólgota, de los suburbios. Dios extraño, exuberante y subversivo que conecta de manera admirable con Dionisos, quien también es una inusitada advocación del dolor, de lo terreno, de lo humano en extremo, así como también de la vida perenne, aquella Zoé inagotable de los antiguos griegos: Dionisos el despedazado, dios de la danza y la tragedia, del vino y la locura. Dice Armando Rojas Guardia: “el fracaso puede ser Dionisos engendrado en el muslo de Zeus”; esta frase me tomó, es una frase-rapto donde el autor nos convoca a aceptar que la herida está presente y no en tanto masoquismo sino como expansión de una vida completa y abundante, que es una herida cóncava con la oquedad de un útero, cualidad de lo femenino que le permite alojar al Otro del abismo. La herida nos precede, como nos dice Chantal Maillard.
Porque del fracaso estamos hechos todos, somos heridas abiertas donde un dios se engendra y espera que le demos a luz.

La expresión de la crisis existencial expuesta por Armando Rojas Guardia, es la que he utilizado para ver a mis amigos homosexuales, pero en este blog quiero que quienes me leen tengan la visión no de la mujer que no es homofóbica sino que es amiga de todos sin distingos de orientaciones sexuales...Quiero que vean lo que siente una hija ante un padre absolutamente indiferente que debió ser responsable para no casarse ni engendrarme, por su condición...Aunque ya lo perdoné antes de morir, la herida en mi quedó para toda la vida.

Treinta años de la publicacion del ensayo Dios de la Intemperie de Armando Rojas Guardia

El Dios de la Interperie

EL DIOS DE LA INTEMPERIE
Por: Ana María Hurtado
 
El Dios de la Intemperie es, por diversos motivos, un libro fundamental y único en nuestra literatura; siendo el primer libro de Armando Rojas Guardia (ARG) que llegó a mis manos hace muchos años, me dejó una huella profunda que siempre se renueva, de tal forma que se ha convertido para mí en una especie de libro de cabecera, de esos libros inagotables que parecen nacer cada vez que uno los abre. Todo mi trabajo con la palabra, con el sufrimiento, con el cuerpo, con lo divino y lo poético –en suma, con lo humano– ha tenido que ver de algún modo con el discurso que articula Rojas Guardia en este ensayo pleno de notas confesionales, disquisiciones filosóficas y religiosas, intuiciones místicas, epifanías poéticas y musicales. Un libro que habla, canta, y danza dentro de mí cada vez que lo leo.
Me acerco a este dios y me pregunto en principio por la palabra “intemperie”, porque la labor minuciosa del lector sabe que cada palabra abre puertas a múltiples significaciones. Intemperie viene del latín intemperies, prefijo in, en cuanto privativo y temperie, de temperancia, es decir, templanza; entonces la palabra nos remite de inmediato a aquello que carece de moderación, sobriedad, y que ha sido asociado a la intemperancia del tiempo, en su popular acepción de clima. Aquello que está expuesto al tiempo nos conecta con el estar sin cobijo, abandonado o dejado al tiempo y sus inclemencias, en tanto fenómeno natural; sin embargo, hay que exprimir la palabra y llevarla más allá –o mas acá– al tiempo propiamente dicho, a ese ser-ahí del que hablaba Heidegger cuando se aproximaba al tiempo del hombre.
Un dios que es lanzado a la intemperie es un dios que arriba al tiempo del hombre desde la eternidad, a la destemplanza del clima del deseo, a esa solicitud de la carencia, al desnudo humano, y ¿qué más desnudez que la temporalidad que nos arrasa y nos abre el sendero de la lucidez dolorosa de nuestra finitud, de nuestra precariedad? Ese abajarse del dios que camina entre nosotros y nos interpela con su presencia y con su palabra se constituye en el núcleo vibrante del libro de ARG. El autor nos invita a una danza dialéctica acercándonos con paso firme y, a la vez, sinuoso, trémulo o perdido a la experiencia del des-centro, a la experiencia íntima y, tal vez, fundante de lo humano: la Intemperie… Lo único que nos cobija, como vislumbró Rilke. Y desde allí se arriesga a hablar de Dios en medio de nuestra postmodernidad, en esta también zona de intemperie sin asidero espiritual ni metafísico. El que ARG se dedique a otorgar vivo significado y profundidad a palabras que se han convertido en clisés o en hueras sonoridades, es uno de los mayores logros de este libro.
Y ese dios que adviene a través de la palabra en el propio camino del místico que se atreve a escuchar a ese Otro que habla, (“Háblame, Señor, que tu siervo escucha”, diría el profeta Samuel), es el que ARG nos muestra. Presencia abismal y dialogante. Letanía de opuestos. Hecho fundamental que nos hace ser-con otros en diálogo íntimo con el abismo que nos habita o que habitamos, y al que sólo accedemos desde el despojo. (“Orar a Dios, no sólo en secreto con respecto a los hombres, sino pensando que Dios no existe”. Como exclamaba Simone Weil desde los pliegues dolientes de su misticismo). Para Armando Rojas el Dios único es el de los místicos que no temen a la nada, “espacio quemante en quien nadie entra impunemente”.
Opto entonces por tomar una punta de ese extenso tejido caleidoscópico que nos ofrece Rojas Guardia y propongo dialogar con uno de esos puntos brillantes de su disertación confesional constituida por su acercamiento a la enfermedad, particularmente a la enfermedad mental, y que, no obstante su particularidad, tan bien articulada está con todos los otros aspectos del libro.
Más allá del hecho conmovedor de su experiencia como persona que sufre, Rojas Guardia nos interpela con la palabra locura, que no es cualquier palabra: es una de las palabras más plenas de significaciones y, por ello, tan confusa, en extremo manoseada y, a veces, incluso, vacía,. ARG nos acerca a la Locura en tanto herida. Pathos necesario para alcanzar una lucidez extrema nacida del despojo de todo asidero racional; lucidez que conduce a hallarse ante si, solo, como ser gimiente, ser herido en el costado como Jesús, en el muslo como el rey Anfortas del Parsifal y como el Ulises homérico, o como el propio Adán herido en su costado para extraer de si la feminidad que necesita ver y amar.
Este postulado de la locura, que puede hallarse en muchos autores y particularmente en los artistas y poetas, es profundizado por Rojas Guardia y llevado al ámbito místico de encuentro con el Otro, no sólo en el sentido freudiano del Otro del deseo, o de esa Sombra de la cual habla Jung, sino primeramente y ante todo en el sentido del encuentro en esa noche oscura donde una feminidad dialogante, un dios feminizado por la sobreabundancia de vida y amor nos aguarda y sale en nuestra búsqueda, tal como la sublime amada del Cantar de los Cantares. Ya no es el postulado de un encuentro metafísico intelectivo, espiritual, se trata de un encuentro místico a través de la vía del pathos del cuerpo-mente indisolublemente fundidos, tal como lo planteara tan lucidamente el poeta William Blake. (“no tenemos un cuerpo distinto del alma, el cuerpo es el alma percibida por los cinco sentidos”).
Rojas Guardia interpela a la psiquiatría tradicional que no dialoga, que evita la locura y a la persona que la sufre, que la aísla, la etiqueta y la coloca en un manual y que termina haciéndose sorda a esa singularidad del sufrimiento humano. Decía San Agustín: es mudo quien no habla de Dios, y en ese sentido podríamos pensar que es sorda y muda toda psiquiatría que no dialoga con la locura, al tiempo que intenta compulsivamente abortarla- como en stultífera navis– hacia la “normalidad” de la Ley, representada en lo fármacos y en las internaciones. Sin embargo, Rojas Guardia sabe muy bien que no puede negar la existencia de la locura, como no se puede negar la existencia de la enfermedad, las ubica, no obstante, en el lugar de la necesidad ontológica, ellas constituyen el camino del despojo, tal como en el relato babilónico de Inana, a quien en su descenso al inframundo le van siendo arrebatados todos sus atavíos, joyas y aderezos hasta quedar despojada incluso de la propia piel; entonces, la enfermedad es la vía regia en el encuentro con el tú magnifico —parafraseando a Rafael Cadenas— ese Tú de los abismos que espera nuestra llegada: y es en este punto donde el planteamiento rebasa el de un enfermo psiquiátrico o de cualquier otra índole. El sentido último de la enfermedad es, para Rojas Guardia, mostrar la luz, la expansión de la consciencia en tanto advenir a nuestra humanidad en su más alto estado, nacido de la suma precariedad e indefensión en el que nos movemos y tenemos nuestro ser… El psicólogo William James es el primer autor que asocia claramente la enfermedad depresiva y la experiencia mística y señala que el sufrimiento psíquico puede llegar a convertirse en una opción para alcanzar un sentido profundo de la vida y abrir nuestros ojos a estratos más recónditos de la realidad. Mas sin embargo, hay que buscar ese sentido, saber leer o intentar leerlo entre las criptografías del sufrimiento mismo, penetrar su misterio y lograr simbolizarlo, de lo contrario la enfermedad es refugio.
Dice Rojas Guardia:
“La locura es todo lo contrario a un refugio.
Si la experiencia interior la convierte en casa cómoda, deja de ser lo que es: se convierte en seguridad, es decir en pose… es decir en coartada.
La locura sólo es creadora cuando deviene intemperie
Borges afirmaba: “Un escritor, o todo hombre, debe pensar que todo cuanto le ocurre es un instrumento (…) Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo le ha sido dado como arcilla, como material para su arte” y así terminaba concluyendo que su ceguera era un don. Así pienso que ARG nos lleva a concluir que la enfermedad es un don en el camino del encuentro consigo mismo y con aquello que nos trasciende en ambas direcciones: hacia el Otro del abismo y hacia el Otro totalmente externalizado que se descubre en el prójimo. La búsqueda infatigable de esta consciencia expandida comienza siempre por ese abismo que interpela y nos acoge, salvándonos de la “pesadez del espíritu”, que se cree centro ilimitado.
Ese oscilar entre luz y oscuridad, día y noche, representa muy bien los vaivenes del tiempo cósmico, de la intemperie, del ser náufrago que se despliega entre ocasos y auroras. Su confesión sin artificios nos conmueve, pero sabemos que no está dada como ejemplo a seguir, es confesión dentro de su propia e íntima búsqueda de significado. Para ARG la enfermedad es palabra que dialoga, que también interpela, la enfermedad es ante todo sufrimiento que espera ser escuchado, descifrado y cantado:
“¿habrá alguna vez un poeta que cante estos diálogos, susurrados en uno de los círculos del infierno, mientras Caracas arde de luces allá afuera, indiferente?”
Nótese el topos Caracas, de ser centro en tanto ciudad, ahora, desde la perspectiva del hospital, ella es la marginal, y de esa manera, tal vez, ella asume a ese dios des-centrado que parece indiferente ante el clamor último: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc. 15: 33-34). Dios y la ciudad enmudecen, y el humano que sufre se halla solo ante si, dialogando con el Otro -el mismo- que duerme en la cama de al lado…
El encuentro demoledor de un intelecto hipertrofiado por las ideologías, los racionalismos, las convenciones y demás artilugios de la cultura, con la realidad abarcante del cuerpo, con las paradojas de la materia, es para ARG un camino de redención, pero redención escatológica que no está por ocurrir en un tiempo mesiánico, sino que discurre en nuestro tiempo de intemperie, allí donde se instala el dios del desierto, del Gólgota, de los suburbios. Dios extraño, exuberante y subversivo que conecta de manera admirable con Dionisos, quien también es una inusitada advocación del dolor, de lo terreno, de lo humano en extremo, así como también de la vida perenne, aquella Zoé inagotable de los antiguos griegos: Dionisos el despedazado, dios de la danza y la tragedia, del vino y la locura. Dice Armando Rojas Guardia: “el fracaso puede ser Dionisos engendrado en el muslo de Zeus”; esta frase me tomó, es una frase-rapto donde el autor nos convoca a aceptar que la herida está presente y no en tanto masoquismo sino como expansión de una vida completa y abundante, que es una herida cóncava con la oquedad de un útero, cualidad de lo femenino que le permite alojar al Otro del abismo. La herida nos precede, como nos dice Chantal Maillard.
Porque del fracaso estamos hechos todos, somos heridas abiertas donde un dios se engendra y espera que le demos a luz.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Muchos de los problemas que vive actualmente nuestra sociedad tienen su origen en el hogar, al abandonar nuestro rol y nuestras obligaciones como padres, como orientadores, formadores y educadores de nuestros hijos; preocupándonos si acaso (y no en todos los casos), por ser unos proveedores de ingresos. Todo esto bajo un ambiente social que conspira contra los valores y principios, que acaba premiando al más vivo, al más atrevido, al más sinvergüenza.

¿Hijos sin padres o padres sin hijos?

En muchas oportunidades, confundimos nuestro rol y les damos cosas pero no principios

CARLOS DORADO |  EL UNIVERSAL
domingo 29 de noviembre de 2015  12:00 AM
El otro día, tenía una cita con el comisionado bancario de Puerto Rico, y mientras me anunciaban, vi un afiche que me llamó la atención por su título:"Peligros a la virtud humana". Me puse a leerlos, y quedaron grabados en mi memoria:

1.- Riqueza sin trabajo.

2.- Placer sin conciencia.

3.- Conocimiento sin carácter

4.- Negocios sin ética

5.- Ciencia sin humanidad.

6.- Religión sin sacrificios

7.- Política sin principios

8.- Casas sin hogar.

9.- Hijos sin padres

Me quedé pensando en toda la sabiduría que contenía. Me imagino que serán muchos los que lo leen, ya que el comisionado después de un saludo y un estrechón de manos, me preguntó: ¿Cuál le parece a usted que es el mayor de los peligros? Claramente se refería al contenido del afiche.

La respuesta es difícil, porque todos atentan contra la virtud humana, pero si tuviese que nombrar uno, quizás me inclinaría por el de: ¡Hijos sin padres!, condicionado por la frase que tantas veces le escuché a mi padre, quien siempre solía decirme: "Para que los hijos tengan los pies sobre la tierra, hay que ponerles responsabilidades sobres sus hombros".

Pero los que tenemos que poner esas responsabilidades sobre los hombros de nuestros hijos, somos los padres a través del ejemplo y de nuestra obligación como padres. No es que tenemos que dar ejemplo; ¡estamos en la obligación de dar ejemplo!, ya que no es sólo la principal manera de influir sobre nuestros hijos; ¡es la única manera! Ser un padre no significa tener un hijo, al igual que tener un piano, no significa que uno sea pianista. ¡Ser padre, es adquirir una obligación, y tener una responsabilidad!

Sin embargo; en muchas oportunidades, confundimos nuestro rol, y les damos cosas, pero no les damos principios; y en nuestro afán de darles aquello que nosotros no tuvimos, terminamos sacándole la oportunidad de tener todo lo que podrían tener; sin darnos cuenta de que cuando hacemos demasiado por ellos, terminan ellos no haciendo nada por ellos mismos. Olvidamos que mucho de lo que nosotros tenemos, quizás haya sido producto de carencias, no de excesos.

Es difícil; por no decir imposible, sembrar tomates y recoger zanahorias. Es imposible recoger respeto, amor, confianza y responsabilidad, sin haber sembrado el ejemplo y esa responsabilidad. ¡Recogemos lo que sembramos!, y no son las malas hierbas lo que arruina a las buenas semillas, sino la negligencia del campesino por no saber arrancar esas hierbas.

Muchos de los problemas que vive actualmente nuestra sociedad tienen su origen en el hogar, al abandonar nuestro rol y nuestras obligaciones como padres, como orientadores, formadores y educadores de nuestros hijos; preocupándonos si acaso (y no en todos los casos), por ser unos proveedores de ingresos. Todo esto bajo un ambiente social que conspira contra los valores y principios, que acaba premiando al más vivo, al más atrevido, al más sinvergüenza.

Una publicidad constante y despiadada, basada en los antivalores, y donde terminan sabiendo el precio de todo y el valor de nada, confundiendo las necesidades con los deseos; y perdiendo así los padres todo tipo de control y guía sobre sus hijos. También se pierde la autoridad para establecer normas, y para hacerlas cumplir. 

Las consecuencias terminan pagándolas, esos que nos jactamos al decir que son el gran amor de nuestras vidas: ¡nuestros hijos! 

¿Hijos sin padres, o padres sin hijos? ¡Obviamente, hijos sin padres!

cdoradof@hotmail.com

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La cercanía con los gays no es nueva entre las divas de la música, tanto de la esfera latina como de la anglo. Figuras como Madonna, Kylie Minogue, Cher, Gloria Gaynor y Gloria Trevi han sido elevadas a lo más alto por esa comunidad. Claro que en el caso de Yuri el tema tiene otras connotaciones: desde mediados de los noventa, la mexicana abrazó fuertemente el cristianismo, lo que la llevó incluso a abandonar el pop por varias temporadas, para dedicarse a la música religiosa. En su iglesia, la voz habitual ha cuestionado a la homosexualidad, y rechaza iniciativas como el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Yo amo a los gays porque Dios me dice”

Yuri / EFE
Yuri / EFE
Aunque la mexicana, practicante del cristianismo, se guía por sus propias convicciones, no apoya el matrimonio igualitario. Con 30 años de carrera, se atrevió a componer por primera vez
    La cercanía con los gays no es nueva entre las divas de la música, tanto de la esfera latina como de la anglo. Figuras como Madonna, Kylie Minogue, Cher, Gloria Gaynor y Gloria Trevi han sido elevadas a lo más alto por esa comunidad. Claro que en el caso de Yuri el tema tiene otras connotaciones: desde mediados de los noventa, la mexicana abrazó fuertemente el cristianismo, lo que la llevó incluso a abandonar el pop por varias temporadas, para dedicarse a la música religiosa. En su iglesia, la voz habitual ha cuestionado a la homosexualidad, y rechaza iniciativas como el matrimonio entre personas del mismo sexo.
    Yuri quiere ofrecer una mirada diferente, y para eso saca a relucir las escrituras, además de su propia experiencia: “Mi ejemplo a seguir es Jesús. La Biblia dice que Jesús estuvo con los pecadores, que vino por los pecadores, no por los buenos. Yo amo a los gays, porque Dios me dice que los ame. No soy juez de ellos. Yo era adúltera, ¿entonces yo también me tengo que ir al infierno?”.
    —¿Está de acuerdo con el matrimonio gay?  
    —A lo mejor no estoy de acuerdo, a lo mejor dentro de mi fe hay algo que me frena, pero no quiere decir que no los ame. No porque yo lo diga tienen que hacerlo, o tienen que excluirlos. No hay que señalar o crucificar a las personas, no tenemos la autoridad para hacerlo, y hay una parte de la Iglesia que crucifica a las personas.
    —¿Qué es para usted ser ícono gay?
    —Es una satisfacción. La comunidad es exigente, y qué bueno que sean así, porque me han hecho crecer, ser muy creativa. Ellos me han enseñado a no quedarme.
    —¿Qué la llevó a atreverse a componer recién ahora, con más de 50 años y cerca de 30 de carrera?
    —Porque siento que para contar tus historias tienes que estar sano. A veces no estás listo para contar las historias que han fragmentado parte de tu corazón. Yo, al pasar el tiempo y al ser cristiana, he sanado muchas heridas, cosas de mis amores pasados.
    —Su disco se llama Invencible... ¡Qué título que le puso!
    —Totalmente, así como que "ah, ahora ésta se cree la Supergirl" (risas). Cuando me metí a componer, estoy pasando por situaciones muy difíciles en mi vida, como la muerte de mi hermano, que lo atropellaron a los 51 años, era un hombre joven, sano. Vino un cambio de management, que para mí fue como un divorcio, después de 25 años juntos. Fue un proceso muy duro, muchas cosas se movieron a mi alrededor. Entonces, cuando me senté a componer, ésa ("Invencible") fue la primera canción que salió.

    domingo, 29 de noviembre de 2015

    En 2013, Uganda endureció las penas contra las personas gay, con cadena perpetua o pena de muerte para algunas conductas que involucren relaciones homosexuales. La legislación fue condenada ampliamente por líderes mundiales y revocada posteriormente por motivos de procedimiento. Antes de la visita del Papa, activistas en Uganda dijeron que esperaban que Francisco realizara algún gesto de tolerancia hacia los homosexuales.

    Francisco visita Uganda en medio de debate por derechos homosexuales

    En 2013, Uganda endureció las penas contra las personas gay, con cadena perpetua o pena de muerte para algunas conductas que involucren relaciones homosexuales. La legislación fue condenada ampliamente por líderes mundiales y revocada posteriormente por motivos de procedimiento.

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    Francisco visita santuario de los mártires anglicanos de Namugongo, Kampala
    EL UNIVERSAL
    sábado 28 de noviembre de 2015  04:46 PM
    Namugongo, Uganda. - El Papa Francisco viajó el sábado al santuario más sagrado de Uganda para rendir tributo a mártires cristianos del siglo XIX asesinados por su fe y por proteger a niños en la corte real de los abusos del rey.

    En el segundo tramo de su primer viaje por África, Francisco realizó una misa para las decenas de miles de personas que acudieron a la Basílica de los Mártires de Uganda, en Namugongo, en las afueras de Kampala, informó Reuters

    En el lugar, 25 anglicanos y 22 católicos fueron asesinados durante las persecuciones -mayormente quemados vivos- entre los años 1884 y 1887 por las órdenes del rey Buganda Mwanga II. El más reconocido entre los mártires fue San Carlos Lwanga, prefecto en la corte real que estaba a cargo de los pajes y que murió por tratar de los proteger a los niños de los abusos sexuales del rey.

    "Lo hicieron (proteger a los niños) en tiempos peligrosos", dijo el Papa durante la misa. "No sólo sus vidas fueron amenazadas sino también las de los niños bajo su cuidado".

    En 2013, Uganda endureció las penas contra las personas gay, con cadena perpetua o pena de muerte para algunas conductas que involucren relaciones homosexuales. La legislación fue condenada ampliamente por líderes mundiales y revocada posteriormente por motivos de procedimiento.

    Antes de la visita del Papa, activistas en Uganda dijeron que esperaban que Francisco realizara algún gesto de tolerancia hacia los homosexuales.

    En el texto preparado de la homilía para la misa, había un reconocimiento para los mártires por decirle al rey "lo que el Evangelio no permite" -una presunta referencia a los actos homosexuales. Sin embargo, el Papa no leyó esa parte.

    El domingo, Francisco partirá a la República Centroafricana, que por casi tres años ha estado dividida en un conflicto interreligioso en el que han muerto miles de personas y una de cada cinco ha huido del país.